lunes, 24 de abril de 2017

MENORCAS desde el Camí de Cavalls: día 5 y último


MENORCAS desde el Camí de Cavalls
Desde la Cala Sant Tomàs a la Cala En Porter. 12 de abril de 2017


Día 5 y último: Mantenimiento integral con censuras y libertades


Último día de nuestro recorrido para descubrir otras MENORCAS desde el Camí de Cavalls. Aún queda parte de este atractivo y subyugante Camí pero el tiempo coarta las ganas de completarlo. Es un buen motivo para volver.
Atrae encontrarse con personas que te sorprendan a primera hora del día con pensamientos extrapolables a ti mismo. Ponernos en marcha por la mañana ya es una operación interna y externa que activa muchas piezas. Las que pretendemos mantener en forma  mientras la edad avanza. Alguien, antes de desayunar, reflexionó sobre el tema: “Cada día intento controlar mi estado de decrepitud”.

Magias

Menorca es mágica. Los cuatro días de estancia así lo han demostrado. Igual que ocurrió en viajes anteriores a esta isla. Traspasar esa magia de fuera adentro es la operación que llevamos practicando, con resultados óptimos.
Menorca puede curar. Y ayudar en momentos difíciles. Hubo quien el 3 de mayo de 2015 publicó en Internet un testimonio muy personal sobre el efecto de Menorca en su vida:
“Yo fui a Menorca en un momento muy duro, había fallecido mi hija mayor... Mi marido decidió ir allí para que me relajara y desconectar un poco, y lo consiguió, la isla me encantó y me hubiese quedado a vivir... Tanto me relajé, que decidimos tener a nuestra princesa Daniella... Espero volver pronto con mi marido y mi niña”.

Urbanizaciones

Desde Cala Sant Tomàs a Cala En Porter el recorrido es corto,  de urbanización  en urbanización pasando por otra urbanización: Sant Tomàs-Son Bou-Cala En Porter. ¿Qué hay en medio? Camino agradable, contrastes, arreglos, mantenimientos varios. Seguimos por el perfil de Menorca con nuestro fin de recorrido muy al fondo.
La dirección tomada nos lleva al humedal de Son Bou. Campos cultivados, recorrido que sigue la costa pero que se adentra para volver más tarde al litoral. El camino es agradable y te lo pone fácil cuando el agua podría dificultar el paso. Unas piedras en forma de puente o el terreno ahora seco de al lado son opciones. A un extremo y a otro, personal de mantenimiento liberan los lados de hierbas. Así se salva el torrente de Sa Vall o Son Boter.  El olor a plantas recién cortadas por operarios de una empresa, con la inscripción en el vehículo “Manteniment Integral d’Espais”, retrotrae a la infancia rural y al paseo por esos parques urbanos con esta señal olorosa. Estamos en zonas húmedas y resplandecientes en estos días de primavera, sin lluvia ni viento y con mucho sol.  
Entramos en el barranco. Suave subida. El personal, distendido,  ya cerrando el viaje, enfrascado en conversaciones amenas y relajación ante un recorrido que para nosotros se acaba aunque el camino oficial siga.
Tramo muy urbanizado, más humedales con tiernas y pastoriles  escenas de crías de burro amantadas por sus madres, caballos preparados para el turista, carteles con el anuncio de una web: “Subasta de inmueble” (¿a qué se deberá?). Próxima llegada a la zona húmeda de Son Bou, bautizada como albufera de Ses Canessies según las guías.
Aquí las puertas son metálicas,  con alarmas conectadas a centrales de control en un ambiente lleno de espacios recién blanqueados. Las otras, las de cada día, no entonarían con el entorno. ¿Cuántas puertas o barreras de acebuche hemos abierto y cerrado a lo largo de estos días? Dicen que son para controlar el ganado. Se supone que de cuatro patas.

Censuras

Son Bou es una megaurbanización para lo que hay en Menorca, con villas en proceso de adecentamiento y muchos vehículos dedicados a instalaciones diversas. Registros exteriores de casas abiertos o desvencijados, cañas secas que el turista pronto no verá.  En una pared dos operarios del ayuntamiento de Alaior borran una pintada: “Menorca Lliure”, con el dibujo de una estelada y un símbolo feminista. Un trabajador se dirige a quien escribe y le pide que no haga fotos y borre las que ha hecho. Evidentemente que hubo fotos y no se borraron. Su tono no era el adecuado como para entrar en debates sobre la libertad de expresión, cuando alguien les ha dado la orden y la discusión no iba a llevar a ningún sitio. Un poco más allá, una mansión acoge a un Club que anuncia estar abierto cada día. Este establecimiento debe ser más legal que la pintada borrada. Cerca, dos policías municipales hablaban, con otra pintada aún no borrada detrás: “Feminisme o barbarie” decía el texto. Se supone que no la estarían custodiando ni protegiendo. Pura casualidad su estacionamiento allí. Uno se imagina  que el mensaje también molestará a los próximos inquilinos, no así el ostentoso club de alterne. Más reclamos publicitarios: “Tus vacaciones perfectas, nuestra prioridad”.
En un momento del camino, hubo un debate en torno a la publicación de fotos con personas y los derechos de imagen. Quienes defendían no publicarla y quien creía que era un trabajo público, con un mensaje que habría que examinar y dar a conocer qué hay detrás de todo. Los pequeños grupos también han de tener libertad de expresión, aunque su mensaje sea efímero y más  si los borran los ayuntamientos para no perturbar las vacacionales mentes de los visitantes ocasionales. Menos mal que las fotos permanecen. Al final, alguien dijo que a esta edad tenía la premisa de evitar todo tipo de discusiones, en beneficio de su salud. En fin.


Diversidad

Pronto, un desnivel que sorprende ante la planicie de Son Bou. Tampoco nada extraño si se trata de barrancos. Llegar a Cala Llucalarri, con contornos de peñascos y espacio de rocas, dibujaba un entorno salvaje. Más escaleras y camino original alternativo. Ciclistas expectantes. En días anteriores también surgió el mismo tema: por qué no instalan timbres u otras señales acústicas para avisar de su aproximación por detrás. Queremos a los ciclistas, con un grupo que pedalea casi sin descanso en GRMANIA. Se te echan encima y nadie lleva señales sonoras para avisar. Aquello de los antiguos timbres ya es de otras épocas. Hoy no se lleva. O te apartas o te apartan. Convivencia, por favor.
Un GRmano tocado en las flexibilidad de las ancas demostraba las cualidades de la bicicleta, los kilómetros que se hacían y el poco cansancio de sus pies.  Por todas partes hay jubilados deportistas más activos que cuando estaban en activo. Se observa un nueva etapa vital: el rejuvenecido jubilado que no para y bloquea todos los espacios naturales y artificiales con tanta presencia ubicua, sobre todo  en días laborables.
Abandonamos la cala, subida y cambio de vegetación. Entorno más seco.
Antes de llegar al Barranco de cala En Porter hay unos árboles catalogados como singulares por el Govern de Ses Illes, los pacanos de S’Hort Squella, uno de ellos de 18 metros de altitud y 25 de diámetro de copa, originarios del sur y sureste de EEUU y norte de México. Su fruto son unas nueces aptas para la alimentación.. 
Fuerte y última subida de nuestro recorrido. Cuevas símbolo de la actividad humana, cañizo en el humedal y espacios para árboles frutales (sobre todo perales y nísperos), humedal que acoge a fauna diversa. Más árboles monumentales en esta zona del fondo del barranco En Porter: la mata de Torralbenc Nou, un árbol al pie del camino con una placa metálica identificativa. Al parecer este tipo de árboles es muy apreciado en la isla. La  madera era muy buena en ebanistería, de sus frutos se obtenía aceite para iluminar y  su resina servía para hacer gomas y masillas.
El final del recorrido se aproxima: Cala En Porter. Baño de dos personas mientras el resto de moja por dentro en un bar próximo. No es uno de los más renombrados de aquí: la Cova den Xoroi, bar en una cueva de esta cala con amplias referencias. Dicen que se contempla uno de los mejores atardeceres de la isla, con  atrevidas terrazas en la roca. Pagando, claro.

Otras

En nuestro camino contamos lo que vimos y lo que pensamos. Nuestro código ético responde a nuestras impresiones. Sabemos que hay otras Menorcas: la de las abarcas, ensaimadas, sobrasadas y otras comidas;  la de la  pomada menorquina, tan apta también para amenizar las fotografías de la puesta de sol desde el faro Punta Nati; más playas transparentes; el buen vino que los ingleses potenciaron para sus tropas en el siglo XVIII; las fiestas de Sant Joan en Ciutadella o la cantera de Lhítica; la subida al punto más alto de la isla de 358 metros el Monte Toro; la visita a las bodegas y a pueblos; la Menorca megalítica y las rutas talayóticas; el camí d’en Kane; Maó y su gran puerto natural. Todo esto y más forma parte de la extensa lista que siempre se hace después de acabar un viaje. Se convierte en nuevos motivos para volver a Menorca.


Utopía y camino

Antes de acabar, el recuerdo a Eduardo Galeano:
Dos días después de volver de Menorca, el 14 de abril, se cumplieron dos años de la muerte del escritor uruguayo, quien nos dejó testimonios como este:
“ La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve  la utopía? Para eso, sirve para caminar”.


Agradecimientos

A todas las personas, paisajes, flora y fauna que se cruzaron en nuestro camino y nos reconfortaron con su belleza y  servicios. A quienes se preocupan por mantener el Camí de Cavalls. A quienes nos han guiado con sus fotos, traks y escritos. A la meteorología tan favorable. Al ambiente de GRMANIA.

Y enormes gracias a ti, lectora o lector, que has llegado hasta aquí. Y ahí, El Camí de Cavalls.




viernes, 21 de abril de 2017

MENORCAS desde el Camí de Cavalls: día 4

MENORCAS desde el Camí de Cavalls
Desde el mirador de Punta de Sa Guarda a cala Sant Tomàs. 11 de abril de 2017


Día 4: Entre irregularidades diversas y contrastes varios

La continuidad del Camí de Cavalls desde Ciutadella brilló por la ausencia inicial de algunos recorridos. Salto en el espacio para empezar el cuarto día en la zona del Mirador de Punta de Sa Guarda. La Cala Blanca y diversos caminos llanos, unos asfaltados y otros poco accidentados, quedaron en el olvido en una etapa  larga para quienes llegaron al final en la cala Sant Tomàs. Matorrales,  abundancia de socarrells, una planta calificada por los carteles como endémica, que florece en primavera. Restos pretalayóticos, urbanizaciones del cabo de Artrux, puertos artificiales muy fotografiados y caminos sin dificultad con el perfil de la isla de Mallorca siempre en el horizonte.
Más miradas: la cala en Bosch, cova dels Pardals y este entorno recortado de la zona sur de la isla, con aguas cristalinas, imágenes para el disco duro externo e interno y el placer de ver más que ser visto.

Inteligencias

Un diario local recogía verdades tecnológicas que todos ratificamos cada día. La información global trataba sobre el turismo e Internet.  Primer titular: “Las redes sociales son la mayor fuente de inteligencia turística”. ¿A dónde irán a parar los millones de fotos que se habrán hecho de esta isla, incluyendo las nuestras? Segundo titular dicho por un experto: “Asusta lo predecibles que podemos llegar a ser las personas” si se sigue nuestro rastro digital. El día anterior el grupo A+ ya aventuraba esta predicción cuando hablaba del chip y del poder de los datos. ¡Cuánta inteligencia hay en GRMANIA! ¿Aún no has compartido tus fotos o tus textos en la red? Si no lo haces te quedas fuera del postureo actual. Aquí, un ejemplo.
Si vas a Menorca, aunque no seas un influencer, déjate llevar y comparte tus producciones e impresiones. Con alguien más que contigo mismo. Y luego verás cómo los demás deducirán dónde has estado, cuándo, con quién, qué has visto y cuál ha sido tu enfoque personal.

Irregularidades

Es normal que aquí la costa dibuje espacios irregulares y rocas esculpidas por el desgaste marino con formas diversas. Que este Camí, dentro de los “Caminos Naturales” que publicitan los postes del GR223, te acerque y te aleje del agua; puedas ver a corta, media y larga distancia según la zona; hayas de vigilar dónde pisas, o tengas que otear el horizonte para descubrir si hay alguien más, si vamos juntos o separados, si aquella figura humana está desnuda o vestida. O desde dónde han accedido las personas que se te cruzan, algunas bien planchadas, otras con las uñas de los pies con pintura roja aún reluciente y chancletas no demasiado ergonómicas para el lugar. La playa des Banyul, en el entorno de Son Saura, abre el paso a una zona con más vegetación pero pronto volvemos a la belleza del mar, el cielo y a las calas que no por repetirse pierden el encanto. Al contrario. Especies humanas, arbóreas y paisajísticas que verifican el acierto de venir a  vivir Menorca desde el Camí de Cavalls.

La operación de adecentar la imagen sigue. Puestos de observación y vigilancia de bañistas están en proceso de mantenimiento con brochas en continuo movimiento. Operarios que pintan, limpian y dan esplendor, cerca de la Cala Es Talaier. Todo en marcha para la operación vacaciones.

Sorpresas

De lejos, imagen idílica. De cerca, sorpresa animal en el agua. Hablar de Cala Turqueta es imaginársela como es: una de las playas vírgenes con agua transparente de las más famosas del sur de Menorca, pinos, sombra y un nombre evocador procedente de la palabra “turquesa”. Y con barco bien situado para completar la foto. Sin embargo, la idealización sucumbió a la naturalidad de unos caballos que truncó la ilusión óptica. Dos equinos estaban en el agua, cerca de bañistas que los contemplaban y no parecían alterarse porque hicieran sus necesidades en el agua, con lo que su transparencia quedó muy enturbiada. Personas senderistas pusieron el grito en el cielo ante tamaño atentado de quienes montaban los caballos por su atrevimiento. Como si no tuvieran derecho a refrescarse y demás. ¿No estábamos en su camino? Cami de Cavalls. En el momento de buscar de nuevo el Camí,  nadie se quejó de que abundaban papeles que en su día fueron blancos y bastantes lugares con excrementos humanos. Curiosidades y comparaciones de entornos idílicos mientras costó trabajo volver a la marca.
Esta cala, como muchas otras, están tan masificadas en verano que señalizan con antelación cuándo están llenas las zonas de aparcamiento. La opción es seguir hasta otro lugar.
No busques chiringuitos en muchas calas de Menorca. Tampoco papeleras,  zonas de picnic o lavabos públicos. Su protección es cosa tuya.

Naturalezas

Estas zonas fueron testigo de un curioso suceso libertino protagonizado por quienes gustaron de las aguas al natural. Cuerpos libres que retozaban sin ataduras ni impedimentos en ninguna parte. Personas del mismo sexo ajenas a la aproximación de alguien del sexo contrario que se detuvo y no parecía darse cuenta del estado de las compañías: mojadas, libres y tal cual. Hubo cierta tensión del grupo bañista al ver que quien observaba no se iba. En ambos sectores debieron quedar muchas incógnitas en el aire. O en el agua. La congruencia sería salir pero la atmósfera visual imponía condicionantes no demasiado liberales. Se resolvieron cuando quien estaba fuera se percató de la situación y se fue. O se marchó con ignorancias varias porque había que irse.
La cala Macarelleta fue un buen entorno para reponer fuerzas pero sin pasarse. Otro entorno fuera del camino que bien merece unos cuantos minutos. Igual que cala Macarella. Playas a las que venían bastantes personas caminando por zonas boscosas con una sombra que se agradecía a esas horas del mediodía. Cuatro miradores aportan más visiones idílicas del horizonte cercano antes de llegar a Cala Galdana. Zona de barrancos con contrastes vegetales, ambientes húmedos y sombríos.
Pronto se pudo contemplar el efecto del pequeño tifón que tiró un área de pinos cerca de Cala Galdana. Las motosierras ya habían despejado el camino. Aún se olía la resina de la madera y se apreciaba la fuerza de la naturaleza.
Si vas a Menorca, mira y observa pero no te metas con la libertad de los demás. También es la tuya.

Contrastes

Paisajes entre la ausencia de urbanizaciones y Cala Galdana, un entorno que parece mirarse a algunas zonas de su hermana de enfrente, Mallorca. Entre zonas secas y húmedas. Entre algunos grandes hoteles en medio de construcciones no tan impactantes pero todas con ansias económicas para civilizar esa zona tan turística de la cala.
Hasta llegar al final en la cala Sant Tomàs, se pasa por la “Ruta de los barrancos”. Flora con muchos endemismos, humedales, vegetación acuática  e importantes  cuevas cársticas en el Barranco de Binigaus, como la Cova des Coloms, conocida como “La Catedral”. El grupo tuvo trabajo para encontrar la dirección correcta después de la subida a la última zona urbanizada. Atrás quedaron espacios públicos ya abiertos y la incipiente vida vacacional. Con la justa comida en el cuerpo, con horas de sol acumuladas en el cogote, cansancio por las tres largas jornadas anteriores y mochilas con botellas de agua, se afrontaron esos espacios en los que había que vadear los humedales cercanos a los barrancos.  Unos kilómetros con cierta exigencia y con agradables árboles que protegían zonas del camino del fuerte sol primaveral. El manto vegetal fue un regalo a la hora de caminar. El largo recorrido entre la pared seca y las especies arbóreas fue un auténtico placer. Inolvidable. Como para hacer más ameno el último tramo, ver el final en lontananza y  soñar con la deseada jarra de cerveza fría. Pronto sería una realidad.

Jarra

Hubo momentos para que alguien se “autoinsubordinara” de sí mismo (¡una hazaña memorable!), quien recordara a quien dijo que se refugiaba en este grupo huyendo de la ortodoxia y quienes se declaraban agnósticos, dogmáticos, escépticos, éticos y hasta frenéticos con tanto pensamiento. Sería para tener la mente ocupada mientras se  imaginaba la prometida cerveza.
Aún la vista se recrearía con más playas, recónditas calas ocupadas por jóvenes y por solitarias personas con atuendos o sin nada. Al otro lado, una extensión de manto verde lleno de flores amarillas. Soles vegetales que deslumbraban la retina y completaban la visión marina. A un lado y otro de la pared de piedra seca que franquea el camino: dos paisajes a los que recurrir en tu imaginación cuando los peores momentos necesiten de imágenes luminosas y positivas para levantar el ánimo o desconectar del  momento presente. Huye a Menorca. Pura terapia natural.
La llegada al final, a Sant Tomàs, se convirtió en un camino de ida y vuelta para retroceder a la zona de recogida, en el entorno de la rotonda de El Niu. Además, allí estaba el único bar abierto. Mientras, los ánimos y el gaznate se reconfortaron con el líquido dorado y espumoso. El fin bien justifica El Camí.
Lástima: sólo hubo tiempo para beber una jarra de cerveza.









martes, 18 de abril de 2017

MENORCAS desde el Camí de Cavalls: día 3

MENORCAS desde el Camí de Cavalls
Desde Cala Pilar a  Ciutadella. 10 de abril de 2017


Día 3: Paraísos cercanos con soles y sombras


El recorrido completo desde la Cala Pilar hasta Ciutadella andando estuvo repleto de contrastes, vegetación de todo tipo, amplitud, soles, sombras, paisajes agrestes y espacios divididos por muros de piedra y ladrillos encalados para ambientar las nuevas poblaciones. Un territorio diverso en la Menorca azotada por la tramontana. Adentrarse en la inmensidad de un largo recorrido como este te hace saltar a espacios llenos de diversidad. Paraísos de todo tipo, esfuerzo y.. ¡adelante!

Barro

La opción inicial de visitar la Cala Pilar no fue elegida por todos. Playa virgen en aquel momento, contraste de colores con el barro rojizo, arena dorada que reluce en día soleado y molesta con el   fuerte viento. “Un marco incomparable” que diría el folleto turístico de una de las zonas que dicen que tiene mayor riqueza botánica y plantas endémicas. Las vistas iniciales desde arriba preveían el boceto del dibujo del horizonte pero había que bajar para completar el cuadro. Quien en su juventud acudió aquí y esculpió momentáneamente su cuerpo con barro, aconsejó comprobar su estado actual in situ. En un rincón, una imagen de la Virgen del Pilar. Al lado, una fuente de agua dulce. No parece que fuera fruto de un milagro. Las habituales pasarelas y escaleras de madera conducen a la cala, con un claro contraste entre la roca rojiza de la que se puede extraer la tierra para el barro, la arena, el perfil y el fondo. Para su preservación ahora aconsejan que no se efectúen baños de este tipo. La degradación es evidente, aunque los cuerpos dicen que salen ufanos. Si eres textil y rebozas tus telas también con barro, ya tienes un buen motivo para cambiar el vestuario. El bañador, a la basura.
No vayas a Menorca a pintar tu cuerpo con barro de cala Pilar. Tú también formas parte de algún ecosistema.

Sombras

El camino se adentra en masas forestales de las que protegen de tantos rayos como se reciben cuando las etapas se suceden y el sol calienta. Rápidas visitas a calas  y espacios como  el Macar de Alfaurinet pero vuelta de nuevo a la protección arbórea. En un ambiente tan recogido y sombrío hubo elucubraciones futuristas que se fueron repitiendo en algunos otros momentos del Camí. La programación humana por la tecnología, ese imaginario chip que ya nos incita a repetir comportamientos o que predice nuestros deseos gracias a algoritmos de control. El papel de los hakers que nos desmontarían a gusto cuando quisieran desprogramarnos. Internet ya es más que el Gran Hermano.
La ausencia del sol pronto dio paso a una de las zonas más sorprendentes, La Vall, y playas cercanas. Campos verdes con silencios absolutos rotos por el canto de ruiseñores y sorpresas porcinas en medio del camino. Una cerda de paseo con sus lechones de colores marrón o mezcla de blanco y marrón. Parecía un recurso más para el turismo urbano o una perfomance publicitaria a la que solo le faltaba la marca de la sobrasada en el lomo del animal. Todos gozosos ante tan tierno espectáculo, sin aparente granja a la vista.
Alguien se aisló del grupo en el que iba para refugiarse en la soledad de sus pensamientos y alimentar recuerdos. Momentos místicos en los que las ausencias están presentes y uno se las imagina formando parte de un paisaje del que también gozaría, con amapolas, campos de cereales, masías aisladas y riqueza de tonos que daban paso a la playa des Tancats, una de las más largas de esta zona. La luz del sol que nos acompañó durante estos días y también hasta la cala Ses Fontanelles, el paso de la vegetación boscosa a otra más baja, con restos de construcciones de cemento para necesidades guerreras y pesqueras. Y la habitual manzanilla, el romero, el brezo y otras que se pueden consultar en algunas guías gratuitas como ésta.

Construcciones

Si la pared seca y recta divide terrenos y simboliza el enorme esfuerzo de los antepasados, los aljibes como el de Corniola eran grandes plataformas en desnivel que recogían las aguas de la lluvia en pozos hechos en la roca. Una muestra más de la sabiduría de nuestros predecesores: sin tecnología punta, chips ni Internet. Norias, poleas, abrevaderos para el ganado, canalizaciones para disponer de agua dulce. De estas épocas a las actuales y próximas en el camino, Cala Morell. Urbanizaciones bien provistas de la indispensable agua, bien conducida, piscinas, espacios blanqueados que llegan hasta las antenas parabólicas, amplias casas y personal dedicado al bricolaje o a adecentar y conducir el barco para el inicio de temporada. Palmeras y sombras para protegerse del sol que buscan. Cerca, la necrópolis de Cala Morell, de la época talayótica (1500-3000 a.C.), con  hipogeos donde el fin de otros es motivo de curiosidad de estos. Los expertos dicen que en esta zona entran en contacto las unidades geológicas de Migjorn y de la Tramuntana. De ahí su gran importancia, según ellos.


S.O.S

La aridez del terreno hasta Punta Nati dio paso a un sinfín de llamadas de alguien del grupo a alguien más lejos. La ausencia de cobertura telefónica no facilitó la transmisión de una idea obsesiva: informar de que el trozo era duro, mejor no afrontarlo. “Donde dije digo…”. También aparecían supuestas culpabilidades y convencimientos no deseados de entrada. El sufrimiento mantenido por las consecuencias de esos trances y de andar por ese terreno tan áspero permaneció hasta el final, cuando todo se despejó con una oportuna foto nocturna:  verificó perdones varios. El personal del grupo A+ situaba la escena con otros componentes más sombríos pero la realidad aparente pareció más comprensible y favorable. El sol volvió a salir. O eso dicen.
La isla del viento: presente. Pisar tanta piedra no fue fácil en una de las zonas rocosas más  estampadas por la tramontana, con barracas circulares de diferentes alturas para proteger a los animales (eran ses barraques o es ponts de bens o de bestiar) , algún aljibe, vegetación entre piedras como alimento de unas ovejas que ponían su cabeza a la sombra cuando el sol estaba en el cénit y les subían los grados de temperatura debido a tanta lana como las cubría. Otros andábamos con escasa protección en las zonas altas, a expensas de ser abrasadas después de tan continuadas jornadas al sol. Inicio de rojeces muy europeas tipo crustáceo marino cocido.
Era  el paso de los arbustos a otras plantas herbáceas. Los acantilados contorneaban la cruz del Général Chanzy, un barco de vapor francés que se hundió aquí y que obligó a que el gobierno de ese país construyera el faro de Punta Nati en 1913. Ahora este espacio es uno de los mejores para la fotografía de la puesta de sol. Hacia allí se dirigieron personas expertas en fotos para captar momentos del ocaso.

Asfalto

Frugal, espartana y rápida comida al sol, enfrente del faro de Punta Nati, para seguir bordeando las rectas paredes de piedra seca, en medio de una enorme extensión de flores amarillas, quizá la manzanilla de Menorca y otras especies.. La alfombra llegaba hasta el borde del acantilado mientras, después de una subida como para ver la belleza desde arriba, nos aproximábamos a zonas llanas cercanas a una depuradora,  cerca de calas muy urbanizadas que eran la antesala de Ciutadella.  Pero antes, en la cala des Corbetas admirábamos el Pont d’en Gil, efecto de la convivencia de las rocas, el impacto del agua y temporales diversos, con una cercana cueva de 300 metros de profundidad.
No hay duda: mejor la tierra, la roca y los senderos anteriores que el caliente asfalto por la urbanización de Calespiques que dio paso a la cala en Blanes, con plataformas rocosas medio escondidas donde los cuerpos comenzaban su exposición al sol, con tuestes varios y algunas  franjas blancas,  o morenos de cuerpo entero. La parafernalia turística para época de playa estaba refugiada dentro de las tiendas cerradas, con un aspecto tan desértico como el de Punta Nati, a la espera de la primera oleada de británicos. Las mesas con las sillas encima y los grifos para pintas de Guiness  pronto acabarán su largo descanso invernal. Mientras, todo cerrado, obreros (hoy llamados “operarios”) acondicionando el escaparate artificial del entorno  para que el turista lo encuentre todo limpio, nuevo y cómodo. Pero de momento, Ciutadella es el sitio abierto más cercano. Al que nos dirigimos. Final de la larga etapa. Merecido descanso. Mañana, más.
Si te pones gafas de sol hasta para ver  la luz que agoniza y auriculares para aguantar los atardeceres en silencio, mejor que no vayas a Menorca. ¡Vaya pérdida de tiempo! Tu refugio dorado está en otra parte. Busca otros soles y mejores sombras.